domingo, 21 de marzo de 2010

RELATO DE UN EX MARERO: Rehabilitado... pero siempre oculto

» En opinión de este ex pandillero, no es posible la rehabilitación en las cárceles. De hecho, los mareros entienden que es el lugar donde se "gradúan". Él decidió rehacer su vida al margen de las pandillas gracias a que lo internaron en un centro donde aprendió a amar un oficio: la carpintería

EL DIARIO DE HOY
21 DE MARZO DE 2010
Tomás es el nombre ficticio de un joven salvadoreño que perteneció a una de las pandillas y ha logrado rehacer su vida al margen de ellas. Lamentablemente, debido a la situación que se vive en el país, pese a poder ser un ejemplo para muchos jóvenes, ha de mantenerse en la clandestinidad.De hecho, tuvo que mudarse de la capital, donde había instalado su empresa, porque mataron a dos de los muchachos que trabajaban con él. Y no ha sido la única ocasión en que debió huir. Tomás trata de corresponder a la suerte que tuvo incorporando a su empresa a jóvenes ex pandilleros o en peligro de pasar a integrar alguna de las pandillas. "Si te ayudaron, vos, naturalmente, estás ayudando", explica.
Su historia comienza como la de muchos jóvenes que ahora están muertos o en prisión. Nació hace 30 años en una comunidad marginal de la capital. "Soy de donde asusta", dice él. En aquel entonces, la guerra estaba en sus inicios y todavía no había pandillas. "Las balas eran de los guerrilleros y de los soldados", comenta.
Los pandilleros aparecieron en su barrio cuando él tenía 12 ó 13 años. "Llegaron como cuando lo hicieron los españoles a ver a los inditos, hablando de EE.UU., de la pandilla, de cómo se habla. Agarraban a un niño y causaban admiración", recuerda el ahora empresario.
En su opinión, la pandilla en aquel entonces era algo distinto de lo que es ahora. "En realidad era muy bonito, honestamente, porque había una hermandad, algo que se vivía. Si tenías un problema no era tuyo, era de todos. Nos sentíamos muy fuertes y había unas reglas claras". Estas reglas, según Tomás, consistían en respetar y cuidar a la gente de la colonia, en especial a los ancianos.
A su entender, ha habido una evolución de estas reglas. Pasaron de pegarse con piedras y garrotes a que las armas de fuego comenzasen a ser algo habitual. "Armas siempre han habido, pero ahora es por ley que tienes que matar para sobrevivir", sentencia.
Tomás entró en un círculo en el que los jóvenes comienzan admirando a alguien y queriendo ganarse el respeto de los demás. Ese respeto se gana demostrando que no se tiene miedo a nada. Un juego muy peligroso que lleva a una espiral de descontrol y violencia, especialmente cuando se trata de adolescentes.
Esa espiral fue la que llevó a Tomás a un centro de menores con apenas 16 años. Su mirada se llena de dolor y remordimientos al recordar los hechos que le llevaron a ese centro. Pero cuando llegó al centro aún no tenía estos sentimientos, muy al contrario, sólo pensaba en vengarse de aquellos que le habían denunciado ante la policía, ya que también eran mareros.
Respecto a la vida en el centro, afirma que había muchas peleas, ya que entonces todavía convivían en el mismo penal miembros de la MS y de la M18. Aún así, afirma que en la cárcel se vivía como querías vivir. "Si te quieres meter en problemas, te vas a meter en problemas. Si quieres estar tranquilo, puedes, aunque siempre tienes que andar con cuidado", describe.
Tomás sostiene que, desde la filosofía de la pandilla, la cárcel es como una graduación. "Te gradúas adentro. Cuando sales ya puedes mirar a la gente de otra forma y te ganaste el respeto".
OLOR A MADERA
El gran golpe de suerte de Tomás fue que cuando tenía cumplida parte de la pena, un programa de jueces de Unicef decidió internarlo en un centro de reinserción. Al principio, lo único que le hacía querer quedarse allí era la posibilidad de estar más cerca de la calle. Poco a poco, su actitud fue cambiando y fue adoptando hábitos de trabajo y estudio. "Antes casi no había trabajado", confiesa. Pero lo más importante es que aprendió a disfrutarlo.
"Descubrí que me gustaba el olor a madera, me gustó la carpintería y, de repente, te sientes orgulloso al ver lo que has hecho", revela. De este centro salió decidido a formar su propia empresa.
Pero este poco común final feliz queda empañado por una amenaza permanente y una continua situación de alerta. ¿Por qué? "Hay mucho resentimiento de lo que hiciste o de tus mismos compañeros porque ellos están presos y quieren verte cogido a ti también", responde.
No obstante, Tomás no abandona su actitud optimista. Señala que también hay muchos ex pandilleros que están muy bien, que están trabajando y han cambiado. Su opinión sobre la posibilidad de reinserción: "Es posible la rehabilitación, pero no en las cárceles. Es necesario brindar más oportunidades para los jóvenes porque si ellos están bien, todos lo estaremos".

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Quiénes se quieren disfrazar de pandilleros?





CARLOS PONCE
Máster en Criminología y Ciencias Policíacas
MIÉRCOLES 10 DE MARZO DE 2010
A principios de esta semana, un programa televisivo reveló los resultados de una encuesta desarrollada por la prestigiosa firma de sondeos Consulta Mitofsky, en la que se evaluó la opinión de los ciudadanos en relación al desempeño del Presidente Funes y el trabajo gubernamental en las áreas de economía, salud y seguridad. Entre los más importantes hallazgos presentados, figura el que aproximadamente 7 de cada 10 salvadoreños consideran que la situación de seguridad pública en el país está en decadencia. Esta cifra representa un incremento en la cantidad de personas que evalúan negativamente el tema, según lo obtenido en mediciones anteriores.La percepción ciudadana capturada a través de dicho instrumento es congruente con la realidad planteada por la ascendente tendencia de la incidencia delincuencial, en donde el número de extorsiones y homicidios perpetrados a nivel nacional ha alcanzado niveles sin precedentes en años recientes. Sin embargo, además de enfrentar una mayor frecuencia en la comisión de ilícitos, otras encuestas similares a la antes mencionada han establecido que la población desconfía de las autoridades y opinan que su desempeño es pobre.
Los analistas explican que la ciudadanía ha percibido que lo titulares de las diferentes instituciones del sistema de seguridad han dado señales que indican que las están dirigiendo con sesgos político-partidarios. Agregan que el discurso oficial en relación al combate de la delincuencia se ha enfocado excesivamente en la prevención y no en la represión del delito, y que las diferentes y variadas iniciativas (incluyendo la última lanzada por el Ejecutivo) carecen de la estructura, cohesión y contundencia necesaria para despertar esperanza.
La semana anterior pandilleros y familiares de sus compañeros que se encuentran purgando penas dentro del sistema penitenciario, marcharon por las calles de San Salvador exigiendo diferentes prerrogativas y cambios en las prácticas correctivas en beneficio de los reos. Adicionalmente, durante su recorrido mancharon y destruyeron propiedad privada y consumieron droga al aire libre, todo ante la presencia de personal policial que se encargó de escoltar la manifestación. Algunos jefes policiales que solicitaron permanecer en el anonimato por miedo a represalias, revelaron a los medios de comunicación que habían recibido instrucciones que venían desde la Dirección General, específicamente prohibiéndoles actuar conforme dicta la ley en este tipo de incidentes.
La ciudadanía, como consecuencia, observó imágenes televisivas en donde pandilleros manchaban propiedad privada y fumaban marihuana en aparente custodia policial. Esto ha despertado un sentimiento de indignación generalizada, muy bien expresada por la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) en un comunicado publicado el pasado lunes. En cualquier conversación amistosa en diferentes contextos sociales es inevitable que se inicie una discusión sobre el tema de seguridad, la inefectividad de los planes publicados y el perfil inadecuado de los titulares de las instituciones de la cartera correspondiente. He llegado hasta escuchar a abuelas bromear que irán adonde el Director de la Policía a solicitar seguridad para ir al parque con sus nietos, engañándole argumentando que sus hijos son pandilleros, para así asegurar que les dará escoltas y carros patrullas como en la manifestación para ir bien protegidos a jugar.
Las autoridades de seguridad tienen que presentar planes concretos que tengan efectos inmediatos que resuelvan la inseguridad experimentada por los salvadoreños. Además deben formular una estrategia de comunicaciones para atacar esta percepción de trato blando, si en realidad se pretende atacar la delincuencia frontalmente. La población, por otro lado, no debe de dejar de exigirle al gobierno el tratamiento que piensa debe de recibir la criminalidad.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Sobre pastoral penitenciaria

TEIXEIRO UNIDAD PASTORAL: Pastoral Penitenciaria: DIOCESIS DE ALCALA
según Manuel García Souto 
Sólo el amor, y un amor que llegue a percibirse como gratuito -no interesado espiritualmente, o esperando algún tipo de respuesta- es capaz de iniciar la rehabilitación de estas vidas". .... Cuidar la dimensión social y caritativa de la fe en la formación, catequesis… • Llevar esta realidad a las celebraciones litúrgicas. • Más implicación y coordinación en el campo de la prevención y reinserción- acompañando y orientando fuera al desasistido total. ...
TEIXEIRO UNIDAD PASTORAL - http://parroquiadeteixeiro.blogspot.com/

miércoles, 21 de octubre de 2009

La victimización y la percepción de inseguridad...

IUDOP Boletín de prensa Año XXIV, No. 5

Más de la mitad de la población salvadoreña dijo sentirse insegura en su propio barrio por la posibilidad de ser víctima de la delincuencia, según revela la más reciente encuesta publicada por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP), de la Universidad Centroamericana «José Siméon Cañas» (UCA) de El Salvador. El estudio, realizado con el propósito de conocer la percepción de inseguridad y establecer los niveles de victimización a causa de la violencia y el crimen que enfrentó la población salvadoreña en el último año, se realizó entre el 21 de julio y el 6 de agosto de 2009, con una muestra de 2,414 personas adultas y con un error muestral de más o menos 1.9 por ciento.

La encuesta muestra que el 16.4 por ciento de la población fue víctima directa de un asalto o hecho delincuencial en los 12 meses previos a la realización del sondeo, mientras que el restante 83.6 por ciento declaró no haber sufrido ningún hecho criminal en el último año.

Una comparación de este dato con el registrado en anteriores encuestas cursadas por el IUDOP, muestra que, en términos de victimización general, hay una tendencia al alza, que inició en 2006 (14.8 por ciento) luego de que en 2004 se reportó una disminución en los niveles de victimización (12.8 por ciento).

Por otra parte, la encuesta encontró que la victimización por violencia general afecta mayoritariamente a las personas que residen en el Área Metropolitana de San Salvador, en las zonas urbanas, a los más jóvenes y a las personas con mayor escolaridad y condición socioeconómica.

A su vez, el 88 por ciento de las víctimas de un hecho delincuencial perdió dinero o algún objeto de valor en el incidente, lo que sugiere que se trata mayoritariamente de robos o intentos de robos. De acuerdo con lo declarado por las víctimas, el promedio de lo perdido asciende a los 536.65 dólares. Asimismo, al indagar sobre los lugares de ocurrencia de los delitos, la mitad (49.9 por ciento) declara que ocurrieron en calle, el 26.3 por ciento en el bus, el 13.4 por ciento en su propia vivienda, el 5.3 por ciento en el vecindario, el 2.5 por ciento dijo que sucedió en su lugar de trabajo o estudio y el 2.5 por ciento mencionó otros lugares. Estos datos confirman que los espacios públicos son los lugares donde se reporta la mayor incidencia de hechos delincuenciales.

La encuesta preguntó además a los salvadoreños y salvadoreñas por diversos tipos de victimización que pudieron haber sufrido en el último año. Los datos muestran que a nivel nacional, los delitos que están afectando más a la población son los asaltos a mano armada (7.3 por ciento), las amenazas a muerte (6.6 por ciento), los robos en el hogar (5.4 por ciento), la extorsión (4.8 por ciento) y la renta (3.9 por ciento). Al agrupar extorsión y renta, éstos se convierten en los delitos de mayor afectación para la población (8.7 por ciento).

Hechos como el robo de vehículos o motocicletas, sólo le ocurrieron al 3.3 por ciento de quienes dijeron poseer alguno de estos automotores y un 2.3 por ciento indicó que un pariente que reside en su casa había sido asesinado en los 12 meses previos al estudio.

Enlace al boletín con el resumen de la encuesta: http://www.uca.edu.sv/publica/iudop/Web/2009/boletin5_2009.pdf

Enlace a la publicación completa de la encuesta:http://www.uca.edu.sv/publica/iudop/Web/2009/informe123.pdf


lunes, 19 de octubre de 2009

¿Dónde se inicia el tratamiento penitenciario...?

Tradicionalmente, los centros penales, las penitenciarías y demás instalaciones similares, son vistos por la sociedad como el lugar para concentrar antisociales, esos seres que de una u otra forma han causado daño, perjuicio o temor a sus congéneres por la comisión de hechos delictivos. En esta línea de pensamiento, los centros son concebidos en el imaginario popular, como de igual esencia que los asilos que antaño alojaban a los enfermos mentales.
Modernamente, se considera que los centros penales o penitenciarios son espacios acondicionados para el alojamiento preventivo de personas en conflicto con la Ley o para el cumplimiento de penas impuestas a esas mismas personas para resarcir daños inflingidos a individuos y a la sociedad misma.
En este sentido, los establecimientos penitenciarios deben reunir características especiales para facilitar el tratamiento, rehabilitación y reinserción social productiva de las personas en ellos confinados.
¿Dónde comienza el tratamiento penitenciario...?
La pregunta no es inoficiosa, sino consecuente con la necesidad de atención integral que se requiere. Los programas de tratamiento no ocurren en el vacío, sino en espacios en los que se dan cita los sujetos a ser tratados y los responsables de brindarles el tratamiento.
Con esta verdad de Perogrullo, pero necesaria, sostenemos que el tratamiento penitenciario comienza desde la concepción del sistema mismo y de las instalaciones en que conviven la población penitenciaria, los técnicos y profesionales responsables de su tratamiento y el personal de custodios responsables de la seguridad de todos...
No se puede evaluar ningún tipo de programa de intervención con privados de libertad, sin evaluar previa o conjuntamente, las condiciones en que los programas deben ejecutarse, un factor que muchos tendemos a olvidar.
A pesar de lo que muchos puedan pensar y objetar, las prisiones y los centros penitenciarios, deben contar con espacios adecuados, iluminados, ventilados, higiénicos y decorosos, con un ambiente "laboral" que favorezca la inclusión y la rehabilitación, como paso previo a la reinserción que, algunos teóricos actuales, sugieren que es inoperante porque ¿cómo se puede reinsertar lo que no ha estado insertado...?
Aunado al ambiente y el clima laboral, debemos atender también a la formación, capacitación, evaluación y actualización del personal a cargo del tratamiento, así como al desarrollo, evaluación y actualización de los programas generales o especializados que estarán dirigidos a los privados de libertad....
Sin importar que los programas sean desarrollados localmente o se importen como producto del intercambio de experiencias y buenas prácticas, todos ellos deberán estar fundamentados en la investigación científica y en  información veraz, coherente y pertinente con el propósito rehabilitador...
No podemos ni debemos, continuar con ensayo y error desistematizados, o peor aún, importando e impartiendo contenidos alejados o divorciados de las dinámicas criminales y delincuenciales de nuestros países...

miércoles, 14 de octubre de 2009

Los presos de alta peligrosidad: Problemas bioéticos

Hector Santojanni. pastor ministro de la Uad y Leonardo Belderrain sacerdote católico bioeticista

FUENTE: http://www.redescristianas.net/2009/10/10/los-presos-de-alta-peligrosidad-problemas-bioeticoshector-santojanni-pastor-ministro-de-la-uad-y-leonardo-belderrain-sacerdote-catolico-bioeticista/

Para Rogelio Ponsard, las cárceles son la prueba del fracaso de nuestra civilización. Hace 70 años, la Alemania de Hitler y la URSS de Stalin se sostenían sobre campos de concentración. Había más criminales fuera de los campos que adentro, y más inocentes adentro que afuera. Hoy, el país más potente y desarrollado del mundo tiene el record mundial de encarcelados.

Y quizás hoy también haya más criminales afuera que adentro. Y hay "pastores" de distintas iglesias que se quedan silenciosos frente al escándalo de la construcción de cárceles. Es curioso que se someta a una forma de vida estresante a algunos internos y su familia, y, por otro lado, al mismo tiempo, se busque mejorar la salud de aquellas personas.

Se acepta el sistema capitalista, sin reticencias aceptando de ese modo, su sistema disciplinador.

También existen no pocos pastores que comprenden que las sociedades más socialistas o más capitalistas, necesitan terapias intensivas de inclusión laboral para sus frágiles morales y en esa forma interpretan las cárceles. En el año 2006 por un pedido del Jefe de la Unidad 32, nos propusimos estudiar la conflictiva bioética de internos con serios trastornos de conducta. En aquella unidad se intentó desarrollar un proyecto diferenciado para cada pabellón en una misma unidad, inclusive con distintos regímenes. Con el aporte profesional de diferentes saberes y con un trabajo orgánico interdisciplinario.

Con el arribo masivo de internos provenientes de otras unidades del sistema, con notorios rasgos de conducta antisocial, aquellas iniciativas de cuidados personalizados se alteró y permitió ver mejor la necesidad de discernir entre los programas que requieren un criterio de clasificación y seguimiento particularizado.

Al recibir masivamente a los antisociales que deambulaban por unidades del servicio penitenciario, sin clasificación, cualquier viejo jefe en su argot policial podría decir me tiraron un muerto ¿No estaré haciendo los deberes? Otros jefes menos críticos con el sistema y con la ética institucional, podían decir: está bien que se distiendan algunos penales a corto plazo, pero a largo plazo todo el sistema se fogonea con los traslados, "pateando" el tema y no resolviendo un estrategia de tratamiento. Es más: no pocos jefes penitenciarios señalaron que así la peligrosidad aumentaba con el consiguiente prontuario de estos presos denominados "papas calientes"

(Abel Froilan Mendoza se lo consultó por ser un experto en la gestión de clasificación y seguimiento personalizado de los internos del ptb)

En la actualidad se comienza a afrontar el tema y va cayendo el viejo paradigma de hacer circular a los recalcitrantes.
El criterio básico que manejan los peritos forenses, es que la cárcel no es para enfermos, por lo tanto las personas que padecen patologías deben asistirse en dependencias de salud como enfermos.

Los pacientes mentales que cometen un delito, están sujetos a consideraciones específicas fijadas en el Codigo Penal, (Art. 34 inciso primero del Código Penal), siendo alojados en unidades especiales de atención, donde se combinan medidas de seguridad (alta peligrosidad o para evitar la fuga), y tratamiento especializado (U34-U8- u10 u15 u 45) asistiéndolo hasta que desaparezca su peligrosidad. Se ubican allí principalmente a los pacientes esquizofrénicos, delirantes paranoides, místicos, o con trastornos graves de insuficiencia mental.

Los neuróticos, son imputables al igual que los que padecen trastornos de personalidad, por lo que una vez condenados cumplen su condena en las Dependencia del Servicio Penitenciario, y salen al cumplimentar condenas o alcanzar beneficios. Se espera que en estos casos haya tratamiento personalizado en establecimientos diseñados ad hoc, distintos de las instituciones carcelarias típicas para población común, y distintos de la instituciones psiquiátricas de seguridad con los modelos existentes.

Un capitulo especial conforman la problemática de las adicciones a sustancias tales como alcohol y estupefacientes o tóxicos. Estos casos comprenden distintas complejidades: los hay imputables alojados en cárceles comunes, e inimputables, porque al momento del hecho podían haber estado alcoholizados o presentar secuelas psiquiátrica (psicosis-demencias) que le impidieron comprender sus acciones, siendo tratados en la Unidad 34.

Más especial resultan ser los adictos a sustancias; en este caso hay que partir de que a diferencia de lo que supone el imaginario colectivo, los enfermos adictos, no siempre realizan robos en banda, secuestros, toma de rehenes, piratería del asfalto, homicidios. Los adictos suelen ocasionar desajustes conductuales en su entorno familiar, venden los electrodomésticos, joyas del abuelo, etc.

Cuando se les asocia un trastorno de personalidad antisocial de base, el consumo como se señaló es sintomático, forma parte de una estructura sintomática-perversa que usa el consumo para delinquir. Este consumo no suele ser intenso, y sirve de escudo al adicto para solicitar beneficios secundarios o ser derivados a instituciones de salud, -si se los ubica como enfermos- en hospitales, por lo general no acatan ninguna regla, rompen las normas permanentemente, maltratan a cuidadores, a los verdaderos pacientes y destrozan pabellones. De ahí que suponer que todo el que consume es enfermo psiquiátrico, resulta potencialmente peligroso y no real.

Debe comprenderse que los psicópatas mantienen conductas desajustadas en forma egosintónicas, o sea, no les incomoda ser como son, no se angustian, por eso no consideran necesario cambiar de conducta, de ahí que al no existir deseo de cambio, se dificulta la posibilidad de abordaje terapéutico-
Estas personas son las que traen problemas de convivencia en las cárceles y deben aislarse en pabellones de seguridad, evitando principalmente los contactos con la población. Al no existir voluntad de tratamiento en estos internos, pareciera que la salida del aislamiento y las estrategias de disminución de daños (visitas familiares individuales salidas a patio recortadas), fueran las pertinentes para no poner a la población en riesgo y al interno).

También es cierto que no en pocos casos, relata un interno de 23 años de encarcelamiento efectivo, que no es extraño escuchar algún jefe de unidad decir: " los pabellones de aislamiento deben estar permanentemente poblados con justa o sin justa razón, lo que importa es la estadística que se manda a jefatura"(el interno entrevistado eligió no dar su nombre).

La estrategias de aislamiento servirían en principio y como base momentánea de salida para implementar un estrategia del tipo conductal, donde los beneficios y obligaciones deban estar claras y cumplidas a raja tabla, favoreciendo el equilibrio de los pabellones y el manejo de los internos. ( fue consultado al respecto el Perito Oficial de la Corte Eduardo Camino, especialista jerarquizado en psiquiatría forense y médico Legista)

Al encontrarse aislados, se consigue limitar el medio donde se despliegan las conductas, "se les embarra la cancha", y cuando desea ampliar el campo se negocian pautas, se ponen límites, donde las condiciones de acceso y retroceso son ganadas o perdidas por ellos.

Por otro lado no se cree que sean la mayoría de los que ayer deambulaban, los que ofrezcan aquellos trastorno de la personalidad. Si bien es cierto que es ingenuo pensar a un psicópata con. una vida totalmente socializada se puede, controlándolo, mejorar su socialidad.

Aquello de que su vida tenga sentido para pelear con la policía y vivir robando, sin posibilidad de enmienda, con los pabellones de seguridad se logra simplemente calmarlos, y que no sumen disturbios al malestar de los penales. Calmándose, aunque a veces se lo haga compulsivamente, para obtener libertades, no es tiempo perdido aunque sea para volver a un régimen común, y ese es el juego, afuera pueden egresar y seguir siendo tan psicópatas como antes<; es realista pensar así. Es otra cosa lo que sucede cuando hay una conversión espiritual profunda auténtica (20% de los casos reales en los pabellones confecciónales según Santojanni).

Las conversiones se sabe que son escasas, pero hay un funcionamiento social de las propuestas de los ministros de fe, y habría que pensar en la rehabilitación de valores, ahí entraría la religión como sustento de amor y respeto al prójimo, y de lo que muchos sicólogos transpersonalistas llaman experiencias cumbre y los pastores llaman conversión, a lo que se deberá asociar la preeducación, de oficios y trabajos para integrarse a un ambiente social de orden competitivo sin el que es impensable todo futuro.

O sea que los sujetos desde que se levantan trabajen desde su higiene, valores, respeto, cuidado del medio, se escolaricen, se le incorporen tareas laborales.
Por último, con los que se consideran presos políticos, algunos psicópatas mas finos y educados, con menor impulsividad y más inteligentes, se puede tal vez lograr una orientación de líder positivo pero lo vivirán también como un beneficio para pasarla bien, una vez afuera no pocas veces repiten las aberraciones conductuales y amorales propias de su ser, pueden seguir estafando y abusando y siendo fieles colaboradores de regímenes autoritarios etc.

Conclusión: la psicopatía nos se rehabilita, se contiene cuando es demasiado problemática, ya que siempre transgreden normas. la posibilidad de contar con pabellones de máxima solo disminuyó el campo de inducción y acción sobre el resto de los internos, aquieta las aguas. No hay protocolos de agentes pastorales. Cuando los episodios confusionales son graves, en los que no hay un mínimo reconocimiento de premios y castigos, para aquellos habrá que pensar otros espacios a los existentes, y en ésto comparto con muchos psiquiatras que ésto sólo puede interesar a algunos creyentes de una fe particular, y que no siempre los ministros de fe pueden dar garantías de su eficacia.

En la actualidad se suman la visita ecuménica personalizada del pastor Hector Santojanni y del padre Leonardo Belderrain en la unidad 24, en procura que a partir de la escucha de los ministros de la fe, inicien un proceso de recuperación desde lo que puede haber de nuevo y de resignificable. Muchos piensan que las religiones en la cárcel han sido de alta contención de casos difíciles pero no pocas veces han sumado alienación.

Creo también que los pabellones o sectores que se inclinan por los aspectos religiosos llegan casi al 45% de la población carcelaria bonaerense y dicho por la autoridad penitenciaria, la conducta que se logra es sorprendente, es por ello, que el conocimiento de Dios es un tema que se puede entender a partir de la experiencia, siendo muy difícil explicarlo si no se tuvo ese encuentro, por eso la religión sola tal vez no alcance para el cambio del interno pero seguro que es el primer paso a dar para ver su vida cambiada. Es verdad que hay capellanes que han sostenido a los aviadores que tiraban gente al mar; y los hay que son asépticamente parte del sistema carcelario; pero los hay también entrenados para acompañar, desde la simpatía, la compasión y la escucha. Esto es quizás lo mejor que se puede hacer. Tampoco se puede obviar que la fe, en muchos casos, fue el fermento mayor de liberación.

Con la intervención ecuménica se intenta encontrar mayores posibilidades de observación y crítica para pulir la herramienta rehabilitadora. El tiempo dirá si estábamos en protocolos adecuados y eficaces para estos internos y el Servicio Penitenciario Bonaerense. Una vez más es preciso saber si las religiones son el mayor fermento de liberación y sanación de lo más frágil de la condición humana, o la mayor cómplice del disciplinamiento de los poderes hegemónicos.


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Abelardo Díaz-Flores, DME
Investigación y Desarrollo Institucional/Planificación
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Dirección General de Centros Penales de El Salvador
Secretaría Protémpore
Comisión de Directores de Sistemas Penitenciarios de Mesoamérica y República Dominicana
CODISIPE
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Blog CODISIPE: http://codisipe.blogspot.com
MEGA 24 | Agencia de Noticias
según Mega24 / www.planetha.net 
"La solución no es mejorar los calabozos, sino el tratamiento penitenciario, que es una manera de democratizar la prisión y aproximarla a la sociedad externa, transparentar los barrotes, la persona que esta recluida no tiene que sentir ...
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